Gracias, Gervais | Televisión | EL PAÍS
Cuánta y agradecida memoria debía de poseer el público que observó en directo en los clubs los monólogos de alguien tan corrosivo como necesario llamado Lenny Bruce, dinamitador del lenguaje, poniendo rojos a sus carcajeantes oyentes al constatar estos que Bruce se saltaba todas las líneas rojas que pretendía imponer el sistema. Y qué privilegio debió de suponer escuchar en directo a Groucho Marx. Les ha sustituido un tipo dotado de inteligencia y gracia máximas, provocación, originalidad y mala leche permanente, que se llama Ricky Gervais. Netflix, templo de la mediocridad, fórmulas clónicas y oportunismo heterodoxo, que al parecer complace…
